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August 27 PRIVILEGIAR EL HOMOSEXUALISMO?Por Juan C. Sanahuja Convención injusta e innecesaria. La intolerancia progresista. La colonización gay. La OEA pide opiniones sobre el proyecto de Convención. Entre el 26 y el 28 de julio del 2006 se celebró en Brasilia la Conferencia Regional de las Américas, en la que se presentó el anteproyecto de Convención Interamericana contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y otras formas conexas de Intolerancia, (vid. NG 779). Con la excusa de reprimir conductas deplorables como el racismo o la discriminación injusta, la nueva convención tiene como fin incluir entre esas actitudes rechazables la discriminación por "orientación sexual", lo que significa crear un instrumento jurídico para que los estados americanos reconozcan social y jurídicamente la homosexualidad y creen penas -hasta de cárcel- para quienes se opongan por acción u omisión a las pretensiones homosexualistas, (vid. NG 769 y 779). Convención injusta e innecesaria Recordamos que para la Santa Sede “la orientación sexual no es comparable a la raza o el origen étnico”, y que las declaraciones sobre los derechos humanos de los homosexuales van más lejos del ámbito de la Declaración Universal y de los instrumentos jurídicos internacionales. En otras palabras, lo que los homosexuales proponen no es igualdad de derechos sino derechos especiales, (vid. NG 777). Los activistas, según sus propios dichos, para plantear sus pretensiones eligieron el ámbito de la Organización de Estados Americanos (OEA) porque en él, tanto la Santa Sede como los Estados Unidos tienen menos influencia que en los organismos de derechos humanos de la ONU (vid. NG 769). El 6 de junio pasado, la OEA aprobó la Resolución 2168 (AG/RES. 2168, 06-06-06), un paso jurídico más para concretar este proyecto de reingeniería social anticristiana. A la resolución sólo se opuso Estados Unidos, que esta vez con buen criterio, resaltó que existiendo un “régimen de tratados internacionales sólido en esta materia, especialmente la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, de la cual 170 países son Estados Partes, un mecanismo regional no es necesario y corre el riesgo de crear incongruencias con este régimen mundial”. La intolerancia progresista El texto del anteproyecto, además de las medidas totalitarias que reseñamos en NG 779, establece un mecanismo de seguimiento y un sistema de denuncias -incluso por parte de terceros no damnificados- que puede activarse con la sola sospecha de “ánimo discriminatorio” en actitudes y situaciones variadísimas. Sin ir más lejos la defensa del orden natural, por ejemplo la afirmación que sólo puede llamarse matrimonio a la unión para toda la vida entre un hombre y una mujer; o la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica, serían denunciables y punibles. El documento establece también la censura del correo electrónico y de páginas web, etc., para cortar cualquier disenso con el “estilo de vida homosexual”. En otro orden de cosas, la futura convención prohibiría indirectamente la educación y la evangelización de los indígenas (“pueblos originarios”), exigiendo una especie de intangibilidad, disfrazada de respeto, a “sus rasgos fundamentales distintivos, usos, costumbres, creencias”, etc... (¿una vuelta al paganismo?, ¿a los sacrificios humanos?, ¿a la poligamia?, ¿un intento de condenarlos a la miseria y a la ignorancia?). A su vez, entre otras cosas, convierte a la infección del HIV-SIDA en una situación de privilegio con la excusa de combatir la discriminación de los que sufren esta “enfermedad estigmatizada”. El anteproyecto “refuerza” la Convención Interamericana de Belem do Pará (contra la discriminación de la mujer) que introdujo la perspectiva de género (homosexualidad, aborto, anticoncepción, esterilización, etc.) en la legislación nacional de los miembros de la OEA. (También en junio pasado la Asamblea General decidió darle un nuevo impulso a este instrumento inicuo, vid. AG/RES. 2162, 06-06-06). La colonización gay En la Conferencia Regional de las Américas participarán 150 representantes de gobiernos de la región; Louis Arbour, Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU; 150 representantes de ONG’s y redes abortistas, feministas y lesbofeministas, como el CLADEM y la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos, y más de 100 invitados especiales. Curiosamente también estarán presentes los representantes de los gobiernos de Francia, Holanda y el Reino Unido, además de ONG’s “de cooperación internacional”, por ejemplo, el CERIS (Centro de Estadística Religiosa), la Comisión Europea; la Coordinadora Ecuménica de Servicio; la Fundación Heinrich Böll (Alemania); el Global Fund for Women y MAMA-CASH (Holanda). Cabe recordar que la justicia holandesa acaba de dar vía libre al llamado “partido pedófilo”, cuyo nombre oficial es NPDV -Partido del amor al prójimo, de la libertad y de la diversidad-, constituido por quienes pretenden acceder sexualmente a menores de edad sin ser penados por la ley. (Avvenire, 18-07-06). Ante la gravedad y la urgencia de la situación, entre otras cosas: -Nos corresponde informar y presionar a diplomáticos, políticos, legisladores y en general a toda autoridad. -Acudir a los medios de comunicación. -Buscar que los grupos de afrodescendientes, de indígenas, de migrantes, las minorías raciales, étnicas y religiosas, se opongan a ser la excusa para que se reconozcan falsos derechos por “orientación sexual”. OBAMA, RODEADO DE ABORTISTASPublicado por Jorge Soley Climent el 4 de Marzo de 2009 en American Review Tras los primeros titubeos y fracasos en sus nombramientos, el presidente Obama parece estar adoptando un criterio claro y previsible: nombrar a personas destacadas por su defensa a ultranza del aborto. Por un lado, la gobernadora de Kansas, Kathleen Sebelius, que ocupa la Secretaría de Salud, el puesto al que tuvo que renunciar Daschle al descubrirse que no había pagado sus impuestos; por otro, Nancy DeParle, como directora de la Oficina de la Casa Blanca para la Reforma de la Sanidad. Al anunciar estos dos nombramientos, Obama insistió en que ambas trabajarían codo con codo para impulsar la reforma de la Sanidad propuesta por el nuevo presidente norteamericano. Otro punto en común de ambas es su historial abortista radical: DeParle, cuando trabajaba como directora de la Administración Financiera de Sanidad en la Administración Clinton, se negó a aprobar el plan de salud infantil impulsado por el gobernador de Virginia James Gilmore porque no preveía financiación para que las mujeres con escasos recursos pudieran abortar gratis. Sebelius, por su parte, atesora el dudoso honor de conseguir que los tres últimos obispos de Kansas hayan tenido que emitir notas contrarias a esta campeona abortista, incapaz de mostrar ni una sola votación en la que haya limitado el acceso al aborto. Estas dos nominaciones se añaden a la quizá menos pública pero muy significativa e influyente de Dawn Johnsen como directora de la Oficina de Consejo Legal del Departamento de Justicia, la asesoría legal del Presidente y de todos los ministerios y agencias dependientes del Ejecutivo. Johnsen es conocida porque ha sido Directora Legal del National Abortion and Reproductive Rights Action League (NARAL) y siempre se ha mostrado como una ardiente defensora de lo que ella llama “libertad reproductiva” (un concepto igual de evanescente que el de la “justicia reproductiva” del entonces senador Obama). Entre las múltiples tomas de posición de Johnsen, destaca un artículo publicado en Slate en enero de 2006, en el que se lamenta del cierre de algunos centros abortistas y de las restricciones que algunos estados han ido aplicando al aborto. Otro discurso muy clarificador acerca de lo que piensa Johnsen es el que dio en enero de 2008 ante la American Constitution Society, titulado”A Progressive Agenda for Women’s Reproductive Health and Liberty on Roe v. Wade’s Thirty-Fifth Anniversary”. Allí afirmaba: “Los progresistas deberíamos mirar a largo plazo y formular objetivos ambiciosos, conformados por un compromiso ideológico profundo y no sujetos a las presentes realidades […] La agenda progresista debería aspirar a proteger la libertad reproductiva genuina y la salud reproductiva para todos. Sugiero, para la consecución de ese objetivo, tres estrategias prioritarias para presionar a los tribunales para que invaliden toda restricción al aborto. Primero, concentrarse en persuadir a la gente de que den apoyo a las opciones reproductivas a través de la acción política; segundo, concentrar nuestros esfuerzos en las restricciones al aborto existentes o futuras, y finalmente, situar el aborto entre el conjunto de políticas progresistas necesarias para unas genuinas salud y libertad reproductivas”. Pero quizás lo que haya levantado más criticas haya sido su equiparación entre embarazo y esclavitud, algo que ya viene de lejos, pues Johnsen utilizó ese argumento en una demanda ante el tribunal Supremo en 1989 y que ha reiterado desde entonces: cualquier restricción que haga el aborto menos accesible es, en su opinión, equivalente a una “servidumbre involuntaria”, pues “exige que la mujer provea un servicio físico continuo al feto”. En su opinión el embarazo forzado por el Estado, que no permitiría abortar, viola durante nueve meses la enmienda decimotercera a la Constitución, que prohíbe la esclavitud. El perfil de Obama se va aclarando en la elección de su equipo de gobierno y hasta el momento de modo muy preocupante. Hace poco más de un año, Obama declaraba que no conocía a nadie que fuera pro-aborto; quizás no conocía aún a Johnsen o quizás pensó que era mejor adoptar un perfil moderado para, una vez en el poder, desplegar su verdadera agenda. FEMINISMO, MUERTE DE LAS NACIONESEstimada redacción: En el n° 176, de Marzo del 2007 (ed. española), pág. 7-8 de su preciado periódico, publicaron una carta relativa al, por desgracia, actualísimo tema de la decadencia de Occidente. Se titulaba: ¿Es peor nuestra decadencia actual que la del Bajo Imperio? Con su permiso, querría presentarles, para que las examinaran, algunas consideraciones tomadas de una entrevista a S. Exc. Monseñor Richard Williamson, de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, que se publicó en The Ángelus (octubre del 2006) y luego en The Catholic, enero-marzo del 2007, pp. 12-15. La emancipación femenina, motor de la decadencia actual Una primera consideración concierne al papel decisivo que, en el ocaso actual, ha jugado y sigue jugando la denominada emancipación de la mujer. Monseñor Williamson llega a ella por un camino original, pues parte de la religiosidad presente en la música de Wagner, que podía así «ofrecer una dimensión religiosa sin la fe, o sea, un sucedáneo de redención», cuyo instrumento era, en el fondo, «la mujer, sobre todo en El Holandés Errante y en el ciclo de El Anillo del Nibelungo». En efecto, las protagonistas de ciertos dramas wagnerianos llevaban a cabo una acción "redentora" respecto del hombre. Pero esta acción redentora cesó con la emancipación (aunque no sobre la escena) y se trocó en su contrario. Mas ¿por qué la mujer podía aún ser vista como "redentora" en el siglo XIX? «Porque -explica Su Excelencia según San Pablo [1 Cor 2], así como Cristo es cabeza del hombre, así y por igual manera el hombre es cabeza de la mujer. Ahora bien, se puede afirmar que, desde la época de la Revolución Francesa, el hombre moderno renegó, en general, del señorío de Cristo. Sin embargo, a fin de mantener las cosas, la mujer permaneció bajo la autoridad del hombre durante cierto tiempo. Así "salvó " la mujer la situación por un siglo más o menos, durante el tiempo en el que Wagner escribía sus obras. Pero en el siglo XX dijo que ya estaba harta, y comenzó su "emancipación ". ¡Desde entonces, los fundamentos de la sociedad y de la moral comenzaron a arruinarse sin cesar!». Durante la Revolución Francesa, anoto por mi parte, el feminismo ya intentó alzar la cabeza, pero Robespierre hizo guillotinar en seguida a su principal representante; el movimiento fue abortado así, y tampoco halló espacio para desarrollarse con la "restauración" napoleónica, aunque el Código de Napoleón el Grande introdujo el divorcio, por desdicha, que constituyó, en una sociedad católica, el primer paso hacia la mencionada "emancipación". Me parece de gran interés que S. Exc. considere a las heroínas wagnerianas como a las últimas representantes, ya harto laicizadas a despecho del ropaje mítico nibelúngico, de un ideal femenino que encontró tal vez su más alta encarnación en el personaje de la Beatríz dantesca. Pero ya se echa de ver la mengua del ideal en las desenvueltas y masculinizadas heroínas de Ariosto. No por nada el poeta reivindica la igualdad de los sexos en su obra Orlando furioso, junto con la consiguiente libertad en punto a comportamiento sentimental, a la cual, según él, tan acreedoras son las mujeres cuanto los hombres. El vicioso igualitarismo de las feministas Siempre me he preguntado por qué, cada vez que las mujeres reivindican la igualdad, nunca dejan de exigir al mismo tiempo una libertad sexual absoluta, como si el tipo masculino al cual, según parece, deben equipararse las féminas no pueda ser más que el del libertino, o sea, el del hombre de costumbres disolutas. El hecho es que, en el pasado, se consideraba ya a la mujer, en cuanto prometida, esposa y madre de familia (en suma, en cuanto honrada y virtuosa), se consideraba ya a la mujer, decíamos, igual al hombre en el plano moral y espiritual, si es que no se la reputaba por francamente superior a éste a causa de la capacidad de entrega, aguante, sacrificio y fuerza de ánimo de que hacía gala a menudo. La reivindicación feminista de la igualdad esconde, en realidad, el deseo de poder desahogar libremente los peores instintos de lo que antaño se estigmatizaba como hedonismo burgués. Dicho deseo sólo puede satisfacerse, piensan las feministas, a condición de gozar de independencia económica, una independencia que sólo la igualdad puede garantizar al ser impuesta por la ley en la familia y el trabajo. Pero las legislaciones occidentales no se han contentado con imponer la igualdad de marras, sino que han dado cabida también a las pretensiones más inmorales de las feministas, desde la legalización del uso de la "píldora" al horrendo "matrimonio homosexual" de que tanto se habla hoy, pasando por la facultad de la mujer para abortar ad líbitum a gusto, a voluntad. La culpa de la disminución actual de los nacimientos recae principalmente sobre las mujeres
Nadie había tenido hasta ahora el coraje de poner de relieve, ni siquiera en el campo católico, el papel decisivo que desempeña la corrupción de costumbres de las mujeres. Me alegro, pues, de la intervención de Monseñor Williamson. La letalidad pasada y presente de dicho papel la demuestra un hecho incontrovertible. Los demógrafos nos dicen que, si continúa la tasa actual de disminución de la natalidad, Europa casi habrá desaparecido hacia mediados del presente siglo (y puede que incluso antes). Los alemanes, p. ej., se verían reducidos a ser unos veinte millones (de 80 millones que son ahora). Reducidos a vegetar, agrego por mi parte, en condición servil o semi-servil entre millones de inmigrantes (casi todos musulmanes), que se habrían vuelto mayoría en el Ínterin. También para Italia la perspectiva es la de la extinción. Ahora bien, un decrecimento tan grande de la natalidad no puede imputarse sólo a las mujeres: también los varones ceden en su gran mayoría al hedonismo dominante; mas, así y todo, la culpa principal de esta monstruosa disminución de la natalidad debe atribuirse a las mujeres, dado que ellas, secuaces ciegas del feminismo, hace tiempo que dejaron de considerar el matrimonio, la familia y los hijos como valores fundamentales de su existencia. Incluso los desprecian abiertamente. Al dar a su vida individual un significado absolutamente hedonista, no hacen ya obrar rectamente los hombres, quienes, como no pueden habérselas ya con l afeminidad verdadera, la virtuosa, que los constreñiría a dar lo mejor de sí mismos, se hunden a su vez en el hedonismo más abyecto. Hoy la inmensa mayoría de las mujeres no piensa en otra cosa que en afirmarse a sí propias, en gozar de la vida, inmersas como están en el carpe diem (goza del día presente). Lo que quieren ante todo es trabajar y ganar mucho dinero para ser autónomas, independientes y divertirse de la manera que estimen más oportuna. Pero, aparte toda consideración ética y moral, el hecho es que si las mujeres se incorporan de una manera cada vez más absurda y masiva al mercado laboral y a cualquier posible actividad, sea ésta la que fuere, no tienen tiempo, evidentemente, ni para engendrar hijos ni para educarlos. ¡Es consiguiente, entonces, la disminución de los nacimientos y la desaparición de las naciones! Parece que las propias mujeres no se dan cuenta de que su estilo de vida nos está llevando a la extinción. Pero ¿cuántas de ellas quieren de hecho tener hijos? Para engendrar hijos es menester asimismo amar a los hombres con los que engendrarlos, y no, por el contrario, verlos como el enemigo que hay que combatir. En efecto, el objetivo esencial de las mujeres de hoy parece ser el de querer hacer todo lo que hacen los hombres para probar que ellas lo saben hacer mejor, con la mira puesta en formar finalmente una especie de gobierno mundial de las mujeres, cuyo tarea fundamental debería ser, naturalmente, la de resolver ante todo los (presuntos) problemas de las féminas. La solución de estos "problemas" (o sea, todo el poder para las mujeres, mayoría "iluminada" de la humanidad) traería la paz universal. Se trata de pura chifladura, como puede ver todo el mundo. Plumas de Moliere o de Swift, ¿dónde estáis? Pero hay poco de qué reírse. El sainete es trágico. Se vive en un ambiente de guerra permanente entre los sexos, querido por las mujeres y alimentado a diario por los medios de comunicación de masas, que están ampliamente colonizados por los grupos de presión feministas y homosexuales (ambos se han revelado capaces de condicionar a clases dirigentes enteras). El feminismo le ha abierto de hecho el camino a la homosexualidad en tanto que perversión que quiere imponerse en la sociedad para volverse un fenómeno de masas, exactamente igual que aquél, y borrarnos de la faz de la tierra. Una subcultura mortífera está empujando poco a poco a los pueblos al suicidio colectivo, con la complicidad inaudita de sus gobiernos, que no han comprendido aún que deben cambiar de derrotero por completo y cuanto antes si no quieren que la ira divina siga acumulándose sobre sus cabezas y las de sus desdichados subditos. El catolicismo, perseguido y reducido a la clandestinidad Monseñor Williamson formuló también, en la entrevista citada, una previsión o prognosis (no pretendía ser una profecía) sobre el futuro de persecución y clandestinidad que podría abatirse sobre los católicos a causa, también, de la decadencia imperante, que se manifiesta, como es obvio, cada vez más hostil a Cristo y la Iglesia. Afirmó lo siguiente al responder a una pregunta que versaba sobre la diferencia entre el modo en que el mundo miraba la tradición católica en 1970 y la manera en que la considera hoy: «En lo que atañe al orden y la salud mental en el mundo circundante, se ha verificado un enorme deterioro desde 1970 hasta hoy. El mundo actual ejerce una presión más que rígida, inexorable, sobre los católicos». Esta "presión" parece destinada a incrementarse en el futuro y a volverse cada vez más dura. Monseñor Williamson no excluye que los católicos, empezando por los seguidores de la tradición de la Iglesia, puedan hallarse el día de mañana sobreviviendo en la clandestinidad. Una situación semejante podría ser provocada, v. gr., «por un victorioso ataque ruso o chino» contra Occidente. ¿Política-ficción? Monseñor Williamson se explica así ante la sorpresa del entrevistador «No pretendo ser un experto, me remito al Antiguo Testamento. Aplicándolo a nuestro tiempo, vemos que el Occidente apóstata está engolfado en una marea de pecados semejante a las que el Señor "solía " castigar en el Antiguo Testamento con un azote humano, como fue, por vía de ejemplo, la invasión asiría del antiguo Israel. ¿Cuál sería o podría ser hoy el azote? ». Un análisis específico, que sería demasiado largo reproducir aquí, patentiza que "el azote" podría ser China, o la Rusia cada vez más nacionalista, recompuesta por el férreo Putin, o ambas a la vez. Pero ¿no parece enorme, imbatible, la fuerza militar de Occidente (es decir, de América). Monseñor Williamson invita a no fiarse de las apariencias, sobre todo si los medios de comunicación de masas las difunden con sospechosa unanimidad. No es que dichos medios mientan necesariamente. El caso es que poco sabemos de la renovación militar rusa y china, que está en curso desde hace tiempo. Creo que es una profecía fácil afirmar que el ataque bien planificado de un ejército ruso renovado arrollaría en poco tiempo a las fuerzas de la OTAN en Europa sin necesidad de recurrir a las armas atómicas y/o a improbables quintas columnas de simpatizantes veterocomunistas. También las fuerzas armadas occidentales son expresión de nuestra sociedad, que está echada a perder irreversiblemente, en lo moral, desde hace decenios, y en donde nadie tiene realmente ganas de batirse. Hace poco, un historiador militar israelí, Mertin van Creveld, uno de los más reputados del sector, se paró a estudiar el factor mujer de nuestra decadencia militar. La introducción masiva de las mujeres en los ejércitos occidentales (excepción hecha del turco), en los escuadrones de combate inclusive, una introducción, recuerdo, no impuesta por los Estados Mayores (todo lo contrario), sino por sentencias increíbles de los diferentes tribunales supremos y constitucionales, ha tenido efectos deletéreos en la organización, la disciplina, la moral de combate, el adiestramiento (y, añado yo, la ética). Las mujeres no se integran en los ejércitos, su presencia no cesa de crear problemas (desde las preñeces ilegítimas a las molestias sexuales, pasando por la injusta queja de estar "discriminadas"). Como mínimo, hay que separarlas de los hombres en los cuarteles, lo que entraña un incremento inútil de los gastos al paso que una bajada de los niveles de preparación. La guerra no está hecha para ellas: la historia lo ha demostrado ampliamente. Consideraciones exactísimas, que se agravan, añado yo por mi parte, si se piensa en que en dichos ejércitos hace tiempo que se da el problema de los homosexuales, aunque en algunos de ellos, como el norteamericano, no pueden declararse como tales (todavía), so pena de expulsión. Pero ¿hasta cuándo? En el ejército británico hay ya soldadas lesbianas que viven sin tapujos en "unión civil", "como casadas", y son objeto de admiración para toda la prensa que lo cuenta. Lindo, ¿no? (Pero ¿hemos de conformarnos nosotros, en Occidente, con desaparecer en esta ciénaga, sin reaccionar?). Los problemas principales de los ejércitos occidentales parecen concernir hoy no tanto al adiestramiento y al armamento (ambos en declive a causa de los recortes continuos del gasto) cuanto a la disciplina, o sea, sobre todo al modo de respetar "los derechos" de las mujeres y los homosexuales en filas. Todos o casi todos los ejércitos son ya profesionales, pero el reclutamiento de los varones es deficitario debido a la disminución de los nacimientos. Por eso se abren aún más las puertas al enrolamiento femenino, que ya oscila, como media, en torno al 15% de las fuerzas armadas. Un porcentaje bastante alto. En consecuencia, se ha bajado en ciertos ejércitos a 1 '57 m. el límite mínimo de altura requerido: ¡un aflujo de soldadas enanas es precisamente lo que hace falta para revitalizar la institución militar! Mas también aquí hay poco motivo de risa. Faltan hombres para nuestros ejércitos, pero en su lugar se presentan las mujeres que deberían parirlos, y dentro de poco ni siquiera serán ya las mujeres las que se presenten, no habrá nadie: el desierto, con los bárbaros perfilándose en el horizonte, como justo castigo de nuestros pecados. Los rusos o los chinos, o algún otro en su lugar, no necesitarán apresurarse: sólo tendrán que esperar a que el feminismo y la homosexualidad, así como el generalizado espíritu imbele y decadente, hayan enervado por completo los ejércitos y las sociedades de Occidente. Después de lo cual el invadirnos será tan sólo un paseo. Predomina por todas partes un mortífero espíritu particularista Las predicciones de Monseñor Williamson, que se basan en la teología veterotestamentaria de la historia, pueden parecer sinceras hasta la brutalidad. A mí me parecen más que dignas de reflexión. En efecto, lo que preocupa en el Occidente actual es el desmoronamiento interno, cuya causa profunda estriba ni más ni menos que en la irreligiosidad, que se difunde cada vez más, que se apoya cada día más en un ateísmo militante. Y agrego que además del enemigo externo está también el interno: todas las fuerzas (políticas y no políticas) de la disolución organizada, que detentan todo tipo de poder y echan mano de las más variopintas minorías y diversidades, por decirlo así, para conservarlo. Pero se puede hacer siempre frente al enemigo, por numeroso e insidioso que sea, si hay unidad de intenciones, si se tiene fe en una religión, una patria común, una nación, un pueblo, un Estado. En Occidente, en cambio, particularmente en Europa, predomina un espíritu de disolución que se extiende a todo y que se inició hace unos cuarenta años con la crisis moral de la jerarquía católica, fruto del Vaticano II. Así están las cosas: disolución de la fe y de la cosa pública, de las naciones y de los Estados en nombre de un individualismo desenfrenado que todo lo invade. Y este individualismo constituye asimismo la verdadera raíz de las autonomías indebidas, de los regionalismos miopes, de los secesionismos suicidas, auténticos estafadores desde el punto de vista de la Historia, que, en el plano institucional y en el de las costumbres, afligen de manera cada vez más grave a varias naciones europeas, la nuestra inclusive. Les doy las gracias por su atención. |
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